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Track No.20 - Sol.



¡Con un rostro hacia el Sol!

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz de en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

(Juan 1:3-5)

La Teoría Heliocéntrica establece que la Tierra gira alrededor del Sol. Jamás podría desorbitarse, pues necesita de su luz y calor. Debido a la inmensa fuerza de gravedad que posee el Sol, todos los planetas son atraídos a él, manteniéndolos en perfecta órbita. Esta afirmación es irrevocable para la ciencia.

Una vez... alguien me dijo que Dios era como el Sol; el Padre es la inmensidad y fuerza del mismo Sol; Jesús es la luz; y el Espíritu Santo el calor. Nosotros necesitamos y dependemos de la inmensidad, de la luz y del calor de Dios, giramos a su alrededor. Esta afirmación es irrevocable para todo aquel que cree en estas palabras: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Si aceptamos esto, ¿cómo podríamos desorbitarnos? Eso es casi tan sin sentido como que la Tierra comience a girar sobre sí misma, ¿no? Sin embargo, es increíble como a veces negamos querer recibir esa luz y ese calor. Comenzamos a girar sobre nosotros mismos, provocando así nuestra desorbitación y la del resto del universo.

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Más allá de lo cierto.

Yo amaba a Jesús… pero no más que mis propios sueños. En el momento que este hallazgo se volvió significativo para mí aquellas páginas se volvieron tan húmedas como las lágrimas que corrían por mis mejillas, y sus palabras tan cercanas como un atrapante susurro en mi oído: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?’
Hay un gran abismo entre reconocer que algo es cierto y que esto se vuelva tan significativo y real como un puñal clavado en el pecho. Esto me frustraba realmente, veía a la gente, pareciera como si sus deseos sí estuvieran de acuerdo a lo que quería Jesús, ¿por qué? A ratos Dios se me asemejaba al tío gordo  y mala onda que pateaba el castillo de arena que tanto me había esforzado en construir, en otras ocasiones era como el Santa Claus con falta de comprensión lectora. Le pedía el último juego para la Nintendo, y me traía dos pares de calcetines. Dios era una especie de analfabeto. Aunque por cierto, cuando uno es niño no entiende que el par de calcetines es más necesa…

Pequeña...

Pequeña, un día comprenderás que hay cosas en la vida a las que debes renunciar de buena fe. A eso suelen llamar los adultos madurez.

Creando.

Cierto día pensaba en la presencia de Dios, es presencia que es a veces tan ambigua e impalpable, que preferí pensar mejor en la ausencia de Dios; sonaba más real, más fácil de llevar para mi mente finita y egoísta, por cierto, pues cuestionar la presencia de Dios parece parte de lo normal, ¿y qué hay de Dios? ¿Siente acaso Él mi presencia? Preguntándome ahora esto, escribí:

Cúrame del vacío y de la nostalgia de Ti,
De tu esencia, de tu figura en mí.
Cúrame de la ausencia del Cielo en mi jardín,
De la soledad de estar rodeada de gente, pero sin Ti.
Cúrame de lo efímero,
La eternidad me sabe a muerte, sin Tu risa allí.

Cúrame del vacío, del vacío de Ti.
Porque me faltas, me faltas, me falta,
Que mi ser y el Tuyo, uno sean.
Me faltan Tus ojos incesantes,
Aquellos que recorren todo el día el planeta buscando a alguien a quien conquistar.
Me falta Tu boca creativa, 
Esa que susurra lo que hoy no es, pero será.

Y justo cuando me voy a perder buscando el lugar llamado hogar,
Me percato de que está a todo …