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Háblame

Han sido muchos meses de silencio, ¿verdad? Silencio en el modo más literal de decirlo. Sin palabras, sin gestos, sin pensamientos, y ya llevo diez minutos escribiendo esto... ¿qué ocurrió? Lo sé. Me refugié en el dolor, en el problema del dolor, y lo que creía superado nunca lo fue. Lo que creía tan cierto, se nubló. Lo que creía verdadero, dudé. Y me oculté. Me oculté en la oscuridad del hacer o más bien del nada hacer. Y mi humanidad desechó lo sobrenatural. La frustración y la desilusión jamás fueron tan claras para mí. Pasó otro instante y otra estrella de mi cielo ya murió.

Dicen que ando torpe y rara, que debería estar bien por amor a mí misma, ¿qué es eso? Solo opino que el espejo es el peor invento, y guardo silencio, solo eso, dejando los días pasar, sin más; ninguno ha contado. Lancé un presente más al tarro de la basura.

Aún haciendo esto día tras día, sigo amaneciendo, sin que mi cuerpo reaccione al intentar incorporarse, sintiendo hasta como mis más íntimas vertebras callan. Testifico que de aquellos días no hay gota de pasión en mis movimientos, contemplo envidiosa a esos pequeños seres con alas, parecen vivir más. Quiero llorar a veces furiosamente, pero hoy mi rostro está reseco, las lágrimas se filtran a través de mis células nerviosas, viajando cual sangre por las arterias, hasta estallar en palabras. Sí, por éste no morirme, me estoy muriendo a diario.

Y a millones de galaxias luz, creo que aún mantengo algo de cordura, puedo oírle susurrar... Háblame.

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Más allá de lo cierto.

Yo amaba a Jesús… pero no más que mis propios sueños. En el momento que este hallazgo se volvió significativo para mí aquellas páginas se volvieron tan húmedas como las lágrimas que corrían por mis mejillas, y sus palabras tan cercanas como un atrapante susurro en mi oído: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?’
Hay un gran abismo entre reconocer que algo es cierto y que esto se vuelva tan significativo y real como un puñal clavado en el pecho. Esto me frustraba realmente, veía a la gente, pareciera como si sus deseos sí estuvieran de acuerdo a lo que quería Jesús, ¿por qué? A ratos Dios se me asemejaba al tío gordo  y mala onda que pateaba el castillo de arena que tanto me había esforzado en construir, en otras ocasiones era como el Santa Claus con falta de comprensión lectora. Le pedía el último juego para la Nintendo, y me traía dos pares de calcetines. Dios era una especie de analfabeto. Aunque por cierto, cuando uno es niño no entiende que el par de calcetines es más necesa…

Pequeña...

Pequeña, un día comprenderás que hay cosas en la vida a las que debes renunciar de buena fe. A eso suelen llamar los adultos madurez.

Creando.

Cierto día pensaba en la presencia de Dios, es presencia que es a veces tan ambigua e impalpable, que preferí pensar mejor en la ausencia de Dios; sonaba más real, más fácil de llevar para mi mente finita y egoísta, por cierto, pues cuestionar la presencia de Dios parece parte de lo normal, ¿y qué hay de Dios? ¿Siente acaso Él mi presencia? Preguntándome ahora esto, escribí:

Cúrame del vacío y de la nostalgia de Ti,
De tu esencia, de tu figura en mí.
Cúrame de la ausencia del Cielo en mi jardín,
De la soledad de estar rodeada de gente, pero sin Ti.
Cúrame de lo efímero,
La eternidad me sabe a muerte, sin Tu risa allí.

Cúrame del vacío, del vacío de Ti.
Porque me faltas, me faltas, me falta,
Que mi ser y el Tuyo, uno sean.
Me faltan Tus ojos incesantes,
Aquellos que recorren todo el día el planeta buscando a alguien a quien conquistar.
Me falta Tu boca creativa, 
Esa que susurra lo que hoy no es, pero será.

Y justo cuando me voy a perder buscando el lugar llamado hogar,
Me percato de que está a todo …