Háblame

Han sido muchos meses de silencio, ¿verdad? Silencio en el modo más literal de decirlo. Sin palabras, sin gestos, sin pensamientos, y ya llevo diez minutos escribiendo esto... ¿qué ocurrió? Lo sé. Me refugié en el dolor, en el problema del dolor, y lo que creía superado nunca lo fue. Lo que creía tan cierto, se nubló. Lo que creía verdadero, dudé. Y me oculté. Me oculté en la oscuridad del hacer o más bien del nada hacer. Y mi humanidad desechó lo sobrenatural. La frustración y la desilusión jamás fueron tan claras para mí. Pasó otro instante y otra estrella de mi cielo ya murió.

Dicen que ando torpe y rara, que debería estar bien por amor a mí misma, ¿qué es eso? Solo opino que el espejo es el peor invento, y guardo silencio, solo eso, dejando los días pasar, sin más; ninguno ha contado. Lancé un presente más al tarro de la basura.

Aún haciendo esto día tras día, sigo amaneciendo, sin que mi cuerpo reaccione al intentar incorporarse, sintiendo hasta como mis más íntimas vertebras callan. Testifico que de aquellos días no hay gota de pasión en mis movimientos, contemplo envidiosa a esos pequeños seres con alas, parecen vivir más. Quiero llorar a veces furiosamente, pero hoy mi rostro está reseco, las lágrimas se filtran a través de mis células nerviosas, viajando cual sangre por las arterias, hasta estallar en palabras. Sí, por éste no morirme, me estoy muriendo a diario.

Y a millones de galaxias luz, creo que aún mantengo algo de cordura, puedo oírle susurrar... Háblame.